Aproximaciones a la no-esperanza.
Sabemos tanto que hemos dejado de creer en lo que sabemos. Perdimos la certeza.
Ahora nos resulta inocente la pretensión de orden, podríamos pretender buscar uno sin esperanzas de encontrar algo, pero nos queda mejor creer. La revolución terminó, actuar se ha vuelto un capricho de aquellos que sienten pueden salvar al mundo, ergo creen en un mundo en desgracia, en la necesidad de salvación.¿Qué más queda a quienes gustan de estudiar eso que un día llamamos sociedad, y nos abandonamos a creer en ella, añadirle atributos, colgarle sentidos y explicaciones? Nada. Decir, explicar, conocer, significar, imaginar, todo nuestro afán de predecir, de adelantarnos a un discurso presente es intentar negar nuestra muerte. Pensar es el acto de distracción humano para olvidar que muere, es un acto circular, natural en el sentido de carente de significado. En tanto que morimos decidimos soñar para olvidar que lo hacemos, en el sueño creamos a la muerte para tener porque soñar. Nacemos en un mundo imaginado mil veces, aparecemos en el seuño de otro para aprender a soñar, soñamos con orden y heredamos sueños.Por alguna circunstancia, aprendimos a enfrentarnos al mundo imaginándolo distinto, descubrimos que podíamos mentir, alejarnos del sueño de los otros y hacer del nuestro un lugar mejor. Hay hechos que no pueden ser dichos, escapan a los lenguajes. Algunos como los que se refieren al lenguaje mismo, necesitan de la creación de un meta-lenguaje, para poder ser expresados, y para hablar de estos meta-lenguajes, necesitamos seguir inventando al infinito cuestión de tiempo y esperanza. Lo que escribo se ha dicho una y otra vez, cuestión sin importancia, la importancia de no-decir es algo psicologizable, vanidad o alguna otra palabra que contribuirá al embrollo con un nudo más.Que bellos son los círculos, libertad en un circulo, libertad al infinito ir y venir, volver a empezar, soñamos que soñamos y no hay salida. El grafografo: "Escribo. Escribo que escribo...", ascender tres o cuatro niveles para verse completamente hundido.Me gustaría poder escribir un cuento en el que todo quedara claro, donde el lector no pudiera perderse, me guestaría develar la ausencia de puertas, la hoja vacia. Queremos terminar el mundo con la historia, con el hombre, animal imbécil que intenta destruirse a sí mismo, o animal genial.Resumamos con un diagrama:Y entonces podemos decidir bajarnos del viaje, saltar del sueño a la hoja en blanco, quizá volvernos budistas.Sólo por recordar a aquellos que me dirán preocupados: ¿y la pobreza?, ¿qué con el sufrimiento y el amor?, eres un egoísta te has vuelto ultra-individualista-me-importa-muy-poco-si-algo-pasa. No tengo palabras para ellos, podría ser cierto, aún así no salvo al mundo, ni quiero ser salvado. La necesidad de presentar un argumento lógico me constriñe a un juego dónde no puedo más que perder, suficiente, decido no jugar.
