Sobre lo moral
Digamos entonces que el bien es algo difícil de enunciar, y la definición que estoy a punto de ofrecer no será a todos los efectos correcta, pero aún así la argumentación, me parece, se mantendrá -que complicado predecir-se-.
El bien es el ideal absurdo de congruencia del mundo; es importante aclarar que me refiero a una encarnación especifica de la idea del bien, la de la civilización occidental moderna, que no tiene mucho que ver con las concepciones teológicas o clásicas (cf. la Biblia, etc.). La congruencia del mundo es la consideración metafísica de la existencia constitutiva de un orden en la realidad -orden que algunos consideran inefable, y otros insisten en creer que todo puede ser dicho-; la existencia de ese orden exigiría al hombre actuar de cierta manera, pero también -desde que el hombre se sabe libre-, implica que el hombre puede transgredir el orden, haciendo del hombre un ser ajeno al mundo -o al menos eso es lo que cree-.
Tenemos entonces a un hombre que es habitante de un mundo que le es ajeno, que vive bajo un orden que no pude ser deducido del mundo, puesto que el orden es metafísico, no se encuentra en el mundo el mundo discurre en él.
Lo bueno es la adecuación a este ideal de congruencia; queda por decir como accedemos al bien, la creación de puentes que van al otro lado del río de la existencia es una empresa complicada y tendríamos primero que demostrar que el puente podría termina en alguna parte (cf. Cortázar); la ciencia es un esfuerzo de construcción de ese puente, su preocupación por el carácter metódico y reproducible de sus avances la ha llevado a construir una gran e impresionante estructura pero que toda se encuentra de nuestro lado, es tan grande que a muchos los llena de esperanzas -tan grande que ya debemos de estar cerca de cruzar al otro lado-, pero otros consideran es el inicio de un fracaso espectacular -es tan grande porque no podemos construir en ningún otro lugar-. También tenemos la religión, con su acercamiento más burdo -o/y bello-, el puente -dice- ya esta construido y le denominaron muerte, pero como la muerte es un momento muy último, dependiendo de la religión existen soluciones para el aquí y ahora, entregadas por Dios -otra encarnación del bien, ¿no lo había notado?-, para proceder antes del punte, y que el cruce sea mero tramite.
Existen también quienes ponen muy en duda la existencia del bien, del orden y de la metafísica en general, pero a estos que algunos creen dignos de la hoguera -aunque no tanto porque contaminar está muy mal visto en estos días-, no intentan la entrega del hombre al maléfico, desacreditar el bien no pasa necesariamente por la erradicación total de una manera normativa de actuar, lo bueno se mantiene pero no ya como un referente a un ideal metafísico, sino, como complejo procedimiento de determinación social, que depende fuertemente del contexto -y en contexto echamos tantas cosas, desde la fecha, hasta el lugar, pasando por los imaginarios, etc-
Partir desde esta definición liquida del bien, y hacer de la sociedad el actor que decide y se impone límites, es también enfrentar al individuo al hecho de que su libertad no es esa cosa absurda que no encuentra limites más que en la muerte. Pero también, hace del bien un factor de resistencia al cambio, además, funciona como un proceso de exclusión de prácticas que al no ser bien entendidas se les califica de malas.
El mal, entonces es un actor de cambio fundamental, lo malo es lo que se escapa al proceso más importante de protección social, pero además es la crítica fundamental a la sociedad instituida.